Un paso atrás
No estamos conformes con ser el último lugar en competitividad nacional, la entidad federativa donde la Ley de Acceso a la Información se aprobó para violarse. No estamos satisfechos, con constructores que le roban a los ciudadanos y no construyen lo pactado. Parece que en Tlaxcala, no queremos transitar a una vida más democrática.
Aunado a ello, el Partido Acción Nacional en el estado; del cual soy miembro, ha propuesto una iniciativa de ley al Congreso del Estado que nos regresa al siglo XIX. El nombre: Ley de Responsabilidades para la Publicación, Imprenta y cualquier Medio de Comunicación en el Estado de Tlaxcala.
La lucha por el respeto a nuestra garantía constitucional de expresarnos, ha costado en el pasado derramamiento de sangre. La libertad de expresión es un derecho tanto individual como colectivo, ya que no sólo es el derecho individual de emitir o recibir información, sino que se ve inmiscuido el ámbito social por la aportación de ésta, la pluralidad de ideas que, pueden ayudar en nuestra sociedad a generar una visión objetiva y clara del mundo y en consecuencia; esta libertad, es motor de otros derechos.
Hoy, ese partido en el que milito, quiere callar a Tlaxcala, quiere regular cuanta información circule en el estado. Nosotros los ciudadanos, debemos condenar la iniciativa, se apruebe o no, el hecho de que se piense es condenable. El que se queda callado, pierde. El que oculta información, pierde.
En Tlaxcala, la libertad de expresión no es una realidad celebrada sino un anhelo incumplido. El Estado no puede fincar responsabilidades a aquel periodista que haga una pregunta “incómoda”, escriba sobre ciertos personajes, señale a funcionarios públicos corruptos o exhiba las complicidades judiciales.
Hacerlo, cancelaría cualquier posibilidad de progreso en el estado más atrasado del país. Hacerlo, borraría los millones de pesos invertidos en infraestructura. Hacerlo, sería demoler el hospital infantil, borrar los nuevos carriles carreteros, clausurar las nuevas instituciones educativas; auto excluirnos de México.
De no alzar la voz, los ciudadanos seremos igual de condenables que aquellos que en su escritorio pensaron esta aberrante iniciativa. De no alzar la voz, seguiremos siendo el estado de “no pasa nada”, el estado donde hay muchos escándalos y ninguna sanción. Donde hay funcionarios corruptos conocidos y señalados, pero nunca castigados. Y donde siempre, todo lo que pase: es normal. Mientras todos van hacia adelante, Tlaxcala un paso atrás.
Antonio Martínez Velázquez